lunes, 18 de junio de 2018
reseña en Nayagua [núm. 27] de Miriam Reyes- Ningún Precipicio [Olalla Cociña]
Piedra de granizo/ huesecillo.
miriam reyes.
ningún precipicio Olalla Cociña
Traducción de Gonzalo Hermo Madrid,
Progresele, Colección Diminutos Salvamentos, 2017.
Conocí la poesía de Olalla Cociña en 2013, cuando estaba elaborando una antología de poesía contemporánea en gallego para el FCE. Para entonces, Cociña (Viveiro, 1979) tenía ya tres libros publicados y publicaría su cuarto a finales de ese mismo año, ningún precipicio, el volumen que hoy presenta, traducido al español por el poeta Gonzalo Hermo, la colección Diminutos Salvamentos. Leí por primera vez As cervicais da memoria (2004) y Libro de Alicia (2008) en el pequeño barracón donde, desde hace más de una década, se encuentra la biblioteca de Románicas de la Universidad de Barcelona. Allí, la profesora y crítica literaria, Helena González, ha construido un magnífico catálogo de poesía en gallego al que cualquier visitante puede acceder. Algunos meses más tarde, me haría con aquí (intemperies) (2006) y ningún precipicio (2013). De entre los casi cien nombres que barajé, Cociña fue uno de los quince que acabó formando la antología, junto a poetas como Chus Pato, xosé María Álvarez Cáccamo o Lois Pereiro. Antes de ello ya había sido antologada por Ana Gorría en Novas de poesía y por Olivia Rodríguez en Das sonorosas cordas. En el prólogo de aquella antología recogí algunas impresiones a partir de aquel recorrido por su universo poético. Decía, por ejemplo, que en el título de su primer libro (Las cervicales de la memoria) ya adelantaba una metáfora de su poética: la fisicidad de la memoria y su condición de organismo vivo, con lo que ello supone de complejidad, sofisticación y fragilidad. Veía sus poemas como esos huesecillos que unen el cráneo con el resto del cuerpo. Una escritura que es vértebra, más que carne o músculo, aunque conozca y certifique la herida. Apuntaba, también, que en sus diferentes libros ha indagado en la melancolía y en la sentimentalidad como parte de la identidad, en los conflictos de alteridad y en la identificación a partir de la propia genealogía. de Olalla Cociña en 2013, cuando estaba elaborando una 189 Cuando ahora intento recuperar la sensación que me produjeron aquellas primeras lecturas y explicar la razón por la que después de acabar cada libro quise leer el siguiente creo que tiene que ver con dos aspectos: su manera de trabajar con la memoria y la aparente naturalidad de su contención expresiva. Me gusta que la memoria en Cociña no es nostálgica ni sentimental, incluso cuando indague en la sentimentalidad, como ya he dicho. Tampoco creo que sea una memoria anhelante, una memoria que desee lo perdido, sino una memoria que construye la historia (también la personal, el relato propio). Y una memoria en la que explorar. Acudir a la memoria para repasar y comprender. Para recuperar «algo» y fijarlo con el lenguaje. Dentro de la obra de esta poeta, yo diría que ningún precipicio es el poemario del hambre de vivir. El libro se abre con un poema-umbral que nos lleva a otra dimensión, la dimensión de ningún precipicio, situada más allá de la mano y de la vid que la mano ofrece a un rebaño de ovejas. Un poema que nos avisa de que quien escribe se extiende o busca extenderse más allá de sí, hacia lo otro, en suerte de comunión, de entrega: «que coman mi cuerpo / porque una extraña paz que me pone al revés / me lleva absurda / deliciosamente / a ningún precipicio». El poeta idelfonso Rodríguez, autor del prólogo de este libro, recomienda en él leer este poema al menos tres veces, como si «se tratase de una fórmula encantatoria». Y es que tiene algo de conjuro, algo de abracadabra para abrir la puerta a esa otra dimensión por medio de la palabra. ¿Es ningún precipicio un no lugar? ¿Es un no hay precipicio: hay vértigo, pero no peligro, de ahí la paz? Si el título As cervicais... podía leerse como una metáfora de la memoria en su poética, ningún precipicio puede serlo de su uso de la palabra, cómo con mecanismos sutiles disloca/descoloca el lenguaje. Ya cruzado ese umbral, el primer poema que nos encontraremos nos presentará un registro diferente pero volverá a escucharse un sujeto que quiere extenderse, proyectarse, comunicarse con el mundo exterior. Se describe una escena observada desde fuera, con tal claridad y precisión, que parece como si fuera el lector quien observa. Una escena cotidiana, pero ajena, pues retrata una cotidianidad que no es la de quien describe: unas mujeres que trabajan en el mercadillo comparten una empanada tras acabar la jornada. Como en todos los casos en los que encontramos anécdota en la poesía de Olalla, la mirada nos hace plantearnos preguntas que trascienden con creces lo anecdótico y pueden llevarnos a lo sociológico o a lo existencial. En todo el libro nos iremos encontrando diferentes vivencias de comunidad y comunión. En este extenderse hacia el otro hay un deseo de vivir y también algo así como un sentimiento de fraternidad. ningún precipicio rezuma una intensidad nunca traducida en grito. Escrito en minúsculas, no necesita alzar la voz para ser implacable: «no era mío: 190 / lo cogí para que tú me lo pidieras // le puse nombre / le dije cómo habría de llamarse / de ahora en adelante / y lo abracé con numismática ternura // solo por ver cómo venías y me lo quitabas // y ser la más pobre / y sentirme / bien abajo». Salta en el tiempo recuperando momentos de diferentes edades; el yo puede abrirse en un nosotras/nosotros, puede desdoblarse en un tú, distanciarse desde una tercera persona...; la forma también reflejará esa construcción con contención pero sin constricción característica de su poesía, que va del poema corto, al largo o a la sección final de poemas en prosa. Es un libro en el que hay dolor y pérdida: «no se extinguió / fue a parar / como los ríos». Hay familia, juegos infantiles. Hay genealogía, historia personal. Lo que heredamos, eso que me atrevería a decir que es una constante en la obra de Cociña. La hermana pequeña, la amiga, las primas, la madre, la abuela, aparecen y desaparecen. Hay una búsqueda en la memoria de los juegos infantiles, una exploración en sus mecanismos: la confianza que se otorga al otro durante el juego, la fuerza de una ilusión compartida, el pretenderse otro con el que los niños aprenden. Pero no se piense que la poesía de Cociña es amable: «poesía fue la piedra de granizo que llegó hasta aquí lastimando en un zapato». Este ningún precipicio de Diminutos Salvamentos es otro de los salvavidas que nos lanzan los directores de esta colección al publicar por primera vez un libro íntegro de Cociña traducido al español. De la traducción de Hermo (Premio Nacional de Poesía Joven, entre otros) puedo decir que es impecable pues conserva a la perfección la voz de la poeta, por eso nos permite hablar del libro casi olvidándonos de que no lo estamos leyendo en su lengua original. Para mí este volumen ensancha esa ventana hacia la poesía contemporánea escrita en gallego que se ha ido abriendo en los últimos años. A través de ella se amplían nuestros horizontes: venid, asomaos, ningún precipicio a la vista.
miriam reyes.
ningún precipicio Olalla Cociña
Traducción de Gonzalo Hermo Madrid,
Progresele, Colección Diminutos Salvamentos, 2017.
Conocí la poesía de Olalla Cociña en 2013, cuando estaba elaborando una antología de poesía contemporánea en gallego para el FCE. Para entonces, Cociña (Viveiro, 1979) tenía ya tres libros publicados y publicaría su cuarto a finales de ese mismo año, ningún precipicio, el volumen que hoy presenta, traducido al español por el poeta Gonzalo Hermo, la colección Diminutos Salvamentos. Leí por primera vez As cervicais da memoria (2004) y Libro de Alicia (2008) en el pequeño barracón donde, desde hace más de una década, se encuentra la biblioteca de Románicas de la Universidad de Barcelona. Allí, la profesora y crítica literaria, Helena González, ha construido un magnífico catálogo de poesía en gallego al que cualquier visitante puede acceder. Algunos meses más tarde, me haría con aquí (intemperies) (2006) y ningún precipicio (2013). De entre los casi cien nombres que barajé, Cociña fue uno de los quince que acabó formando la antología, junto a poetas como Chus Pato, xosé María Álvarez Cáccamo o Lois Pereiro. Antes de ello ya había sido antologada por Ana Gorría en Novas de poesía y por Olivia Rodríguez en Das sonorosas cordas. En el prólogo de aquella antología recogí algunas impresiones a partir de aquel recorrido por su universo poético. Decía, por ejemplo, que en el título de su primer libro (Las cervicales de la memoria) ya adelantaba una metáfora de su poética: la fisicidad de la memoria y su condición de organismo vivo, con lo que ello supone de complejidad, sofisticación y fragilidad. Veía sus poemas como esos huesecillos que unen el cráneo con el resto del cuerpo. Una escritura que es vértebra, más que carne o músculo, aunque conozca y certifique la herida. Apuntaba, también, que en sus diferentes libros ha indagado en la melancolía y en la sentimentalidad como parte de la identidad, en los conflictos de alteridad y en la identificación a partir de la propia genealogía. de Olalla Cociña en 2013, cuando estaba elaborando una 189 Cuando ahora intento recuperar la sensación que me produjeron aquellas primeras lecturas y explicar la razón por la que después de acabar cada libro quise leer el siguiente creo que tiene que ver con dos aspectos: su manera de trabajar con la memoria y la aparente naturalidad de su contención expresiva. Me gusta que la memoria en Cociña no es nostálgica ni sentimental, incluso cuando indague en la sentimentalidad, como ya he dicho. Tampoco creo que sea una memoria anhelante, una memoria que desee lo perdido, sino una memoria que construye la historia (también la personal, el relato propio). Y una memoria en la que explorar. Acudir a la memoria para repasar y comprender. Para recuperar «algo» y fijarlo con el lenguaje. Dentro de la obra de esta poeta, yo diría que ningún precipicio es el poemario del hambre de vivir. El libro se abre con un poema-umbral que nos lleva a otra dimensión, la dimensión de ningún precipicio, situada más allá de la mano y de la vid que la mano ofrece a un rebaño de ovejas. Un poema que nos avisa de que quien escribe se extiende o busca extenderse más allá de sí, hacia lo otro, en suerte de comunión, de entrega: «que coman mi cuerpo / porque una extraña paz que me pone al revés / me lleva absurda / deliciosamente / a ningún precipicio». El poeta idelfonso Rodríguez, autor del prólogo de este libro, recomienda en él leer este poema al menos tres veces, como si «se tratase de una fórmula encantatoria». Y es que tiene algo de conjuro, algo de abracadabra para abrir la puerta a esa otra dimensión por medio de la palabra. ¿Es ningún precipicio un no lugar? ¿Es un no hay precipicio: hay vértigo, pero no peligro, de ahí la paz? Si el título As cervicais... podía leerse como una metáfora de la memoria en su poética, ningún precipicio puede serlo de su uso de la palabra, cómo con mecanismos sutiles disloca/descoloca el lenguaje. Ya cruzado ese umbral, el primer poema que nos encontraremos nos presentará un registro diferente pero volverá a escucharse un sujeto que quiere extenderse, proyectarse, comunicarse con el mundo exterior. Se describe una escena observada desde fuera, con tal claridad y precisión, que parece como si fuera el lector quien observa. Una escena cotidiana, pero ajena, pues retrata una cotidianidad que no es la de quien describe: unas mujeres que trabajan en el mercadillo comparten una empanada tras acabar la jornada. Como en todos los casos en los que encontramos anécdota en la poesía de Olalla, la mirada nos hace plantearnos preguntas que trascienden con creces lo anecdótico y pueden llevarnos a lo sociológico o a lo existencial. En todo el libro nos iremos encontrando diferentes vivencias de comunidad y comunión. En este extenderse hacia el otro hay un deseo de vivir y también algo así como un sentimiento de fraternidad. ningún precipicio rezuma una intensidad nunca traducida en grito. Escrito en minúsculas, no necesita alzar la voz para ser implacable: «no era mío: 190 / lo cogí para que tú me lo pidieras // le puse nombre / le dije cómo habría de llamarse / de ahora en adelante / y lo abracé con numismática ternura // solo por ver cómo venías y me lo quitabas // y ser la más pobre / y sentirme / bien abajo». Salta en el tiempo recuperando momentos de diferentes edades; el yo puede abrirse en un nosotras/nosotros, puede desdoblarse en un tú, distanciarse desde una tercera persona...; la forma también reflejará esa construcción con contención pero sin constricción característica de su poesía, que va del poema corto, al largo o a la sección final de poemas en prosa. Es un libro en el que hay dolor y pérdida: «no se extinguió / fue a parar / como los ríos». Hay familia, juegos infantiles. Hay genealogía, historia personal. Lo que heredamos, eso que me atrevería a decir que es una constante en la obra de Cociña. La hermana pequeña, la amiga, las primas, la madre, la abuela, aparecen y desaparecen. Hay una búsqueda en la memoria de los juegos infantiles, una exploración en sus mecanismos: la confianza que se otorga al otro durante el juego, la fuerza de una ilusión compartida, el pretenderse otro con el que los niños aprenden. Pero no se piense que la poesía de Cociña es amable: «poesía fue la piedra de granizo que llegó hasta aquí lastimando en un zapato». Este ningún precipicio de Diminutos Salvamentos es otro de los salvavidas que nos lanzan los directores de esta colección al publicar por primera vez un libro íntegro de Cociña traducido al español. De la traducción de Hermo (Premio Nacional de Poesía Joven, entre otros) puedo decir que es impecable pues conserva a la perfección la voz de la poeta, por eso nos permite hablar del libro casi olvidándonos de que no lo estamos leyendo en su lengua original. Para mí este volumen ensancha esa ventana hacia la poesía contemporánea escrita en gallego que se ha ido abriendo en los últimos años. A través de ella se amplían nuestros horizontes: venid, asomaos, ningún precipicio a la vista.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
presentación del poemario co co u, de luz pichel
El próximo sábado 18 de noviembre, a las 19 horas, se presenta el último poemario de Luz Pichel, titulado CO CO CO U, en la librería Enclave de Libros, (calle Relatores, 16- metro Tirso de Molina), con intervención, junto a la autora, de Carlos Rod, editor de La uÑa RoTa, y de la poeta Ángela Segovia.
Dice Pichel: "Me encantaría celebrar con vosotros la aparición de este nuevo libro que está escrito en la lengua de mi aldea, una lengua bonita que es considerada "indigna" por aquellos que piensan que las lenguas pueden ser consideradas moralmente dignas o indignas. No se dan cuenta de lo que les pasa: trasladan a la lengua la indignidad que en el fondo aprecian, bien despectivamente, en las personas. Metonimia. También la consideran una lengua "inculta". No se dan cuenta de lo que les pasa. Mi aldea se llama Alén y esta es una lengua alenígena para muchos, quizás como la de Colmenar de Oreja, Huelva, Badajoz... Y bueno, ya ya ya paro. (...)
El libro se titula CO CO CO U, que quiere decir que está escrito con (co) la U porque la poesía tiene la libertad de usar las vocales que quiera, ¿o no?
Y hace CO CO CO como las gallinas porque la gallina se pasa el día removiendo la tierra a ver si pilla algo. A mí ese trabajo de las gallinas me parece importante. Y también es un libro algo tartamudo (tatexo, decimos) porque se nos traba la lengua, se nos extra-vía, no es fácil, una frase, hoy, algo con sentido, en el mundo."
estreno de la sinfonia núm. 4, July, de Jesús Rueda en el Auditorio Nacional de Madrd
El pasado martes, 14 de noviembre, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL), dirigida por Andrew Gourlay, estrenó en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, con enorme éxito, la última Sinfonía del compositor Jesús Rueda, la cuarta de su catálogo, que ha sido escrita por encargo de Ibermúsica, como compositor residente, y que lleva por título “July”.
Orquesta de Castilla y León
Director: Andrew Gourlay
Solista: Vadim Repin
PROGRAMA
Rueda Sinfonía núm. 4 “July”
Glazunov Concierto para violín, op. 82
Stravinski Pájaro de fuego
http://www.ibermusica.es/es/
jueves, 2 de noviembre de 2017
miércoles, 18 de octubre de 2017
jueves, 12 de octubre de 2017
presentación en eivissa- ningún precipicio de olalla cociña- 21/10/17
progresele ediciones, dentro de la colección diminutos salvamentos, presenta en Eivissa el poemario ningún precipicio de Olalla Cociña, traducido por el también poeta Gonzalo Hermo, y número siete de la colección. Tendrá lugar en Es Polvorí, en el Baluarte de Santa Llucia, el sábado 21 octubre a las 18:30 horas. Intervendrán, junto a la autora, los coeditores, Eva Chinchilla y Jorge Luis Morales.
miércoles, 4 de octubre de 2017
Color cubano de Joaquim Seguí
Color Cubano, el último libro del fotógrafo Joaquim Seguí, se presenta en Madrid, en la Librería La Fábrica el martes 17 de octubre, a las 19 horas. La composición de libro se conforma como una travesía (atravesamiento) entre la mirada esencial del artista- fijada en soberbias fotografías en blanco y negro que colman las hechuras de la edición -y textos de poetas cubanos y de autorxs de aquí que miran desde/hacia esa relación singularísima, siempre emergente, con la cultura cubana.
Junto al autor, intervendrán Juan Carlos Lozano, Omar de León y Jorge Luis Morales.
miércoles, 21 de junio de 2017
presentación poemario del agua
Cada vez que rueda el agua y las piedras
a su tacto se tornan sortilegios,
experimenta el autillo enramado
el vértigo azul que precede al éxtasis.
Hoy ha vuelto la lluvia por sus fueros
renovando la yerba de los prados.
El pez brujo presiente un mar andrógino.
Es hora de que el árbol se adelante
y estremezca con pasos centenarios
la luz artificial de las ciudades.
Poemario del agua (ediciones Catay, 2017)
Presentación en Madrid el próximo lunes 26 de Junio a las 20h
en Función lenguaje, Dr. Fourquet 18, bis, Madrid (Lavapiés-Atocha)
Nos acompañarán, en la palabra, su recitado, la música, la escucha,
la conversa, el silencio, el ENCUENTRO:
Tú, tal vez (gracias...)
Rachid Lamarti, poeta, metaforólogo, profesor de la Universidad de Tamkang (Taiwan) y de paso por Madrid esta última semana de Junio (qué alegría nos has dado, Rachid)
Andrés Kaba (piano)
Eva Chinchilla, Helena Rodriguez, Elisa Quero y otras poetas del grupo 8que80
Aquí está el enlace a la noticia en la web del espacio:
http://funcionlenguaje.com/ index.php/espacio-lenguaje/ cursos/1286-2017-06-12-18-12- 48
http://funcionlenguaje.com/ index.php/espacio-lenguaje/ cursos/1286-2017-06-12-18-12- 48
color cubano
el fotógrafo y cardiólogo joaquim seguí presenta este viernes 23 de junio, a las 19 horas, en el Club diario de ibiza, su ultimo libro de fotografía, color cubano, publicación que es fruto de su reciente investigación y travesía por cuba, y en la que se entrevera su obra fotográfica con la palabra de poetas cubanos. Asistirán al acto, junto al autor, la actriz y filóloga, àngels escandell, la directora del archivo histórico de eivissa, fanny tur y el poeta y periodista julio herranz.
jueves, 1 de junio de 2017
publicación y presentación de penzias w ilson de francisco agudo
El pasado 29 de mayo se presentó en La Central de Callao el último y esperado poemario de Francisco Agudo, publicado por la editorial Amargord Ediciones. Acompañaron al autor Luis Luna, Antonio Ortega, Eva Chinchilla, Chús Arellano y Patricia Esteban.
entrevista a Olalla Cociña en La voz de Galicia
Compartimos aquí la entrevista de Olalla Cociña en La Voz de Galicia, a propósito de su último - y premiado- poemario, Vestir a noite.
jueves, 27 de abril de 2017
17/05/17- presentación ningún precipicio en madrid
el miércoles 17/05/17 Día das Letras Galegas, tendrá lughar en Madrid la presentación del poemario Ningún precipicio, de Olalla Cociña, traducido por el poeta Gonzalo Hermo, con prólogo de Ildefonso Rodríguez y número 7 de nuerstra colección. Será en la librería Enclave de Libros, calle Relatores, 16, a las 19 horas, y contará con la presencia de la autora y del traductor, que introducirá a Olalla.
Olalla Cociña (Galicia, 1979). Publicó los poemarios As cervicais da memoria (Fervenza, 2004. Premio Avelina
Valladares), aquí (intemperies) (Editorial
Compostela, 2006), Libro de Alicia (Espiral
Maior, 2008. Premio Fiz Vergara Vilariño) y Ningún
precipicio (Toxosoutos, 2013). Proximamente verá la luz Vestir a noite
(Premio Abanca 2016). Su obra también se puede encontrar en antologías como Das sonorosas cordas. 15 poetas desde
Galicia (Olivia Rodríguez), Letras
novas, Sentimentalismo. Antoloxía de
referencia. Etapa de implantación (Mariña Pérez), Novas de poesía (Ana Gorría) o Punto
de ebullición: Antología de la poesía contemporánea en gallego (Miriam
Reyes). Entre 2011 y 2015 coorganizó en Santiago de Compostela el ciclo de
lecturas poéticas Picaversos. Es periodista y ha impartido diversos talleres de
animación a la escritura y a la lectura. Forma parte de la banda de jangle pop
Atrás tigre.
nuevo punto de venta
en el mes de abril se ha incorporado a nuestra red de entidades colaboradoras en la difusión de nuestros libros, como punto de venta en Santiago de Compostela, el cine + laboratorio + librería Numax
domingo, 19 de marzo de 2017
olalla cociña / ningún precipicio/ núm. 7 cds
se acaba de publicar el poemario ningún precipicio, de olalla cociña, número 7 de la colección diminutos salvamentos, traducido por el también poeta gonzalo hermo.
Olalla Cociña (Galicia, 1979). Publicó los poemarios As cervicais da memoria (Fervenza, 2004. Premio Avelina Valladares), aquí (intemperies) (Editorial Compostela, 2006), Libro de Alicia (Espiral Maior, 2008. Premio Fiz Vergara Vilariño) y Ningún precipicio (Toxosoutos, 2013). Proximamente verá la luz Vestir a noite (Premio Abanca 2016). Su obra también se puede encontrar en antologías como Das sonorosas cordas. 15 poetas desde Galicia (Olivia Rodríguez), Letras novas, Sentimentalismo. Antoloxía de referencia. Etapa de implantación (Mariña Pérez), Novas de poesía (Ana Gorría) o Punto de ebullición: Antología de la poesía contemporánea en gallego (Miriam Reyes). Entre 2011 y 2015 coorganizó en Santiago de Compostela el ciclo de lecturas poéticas Picaversos. Es periodista y ha impartido diversos talleres de animación a la escritura y a la lectura. Forma parte de la banda de jangle pop Atrás tigre.
Olalla Cociña (Galicia, 1979). Publicó los poemarios As cervicais da memoria (Fervenza, 2004. Premio Avelina Valladares), aquí (intemperies) (Editorial Compostela, 2006), Libro de Alicia (Espiral Maior, 2008. Premio Fiz Vergara Vilariño) y Ningún precipicio (Toxosoutos, 2013). Proximamente verá la luz Vestir a noite (Premio Abanca 2016). Su obra también se puede encontrar en antologías como Das sonorosas cordas. 15 poetas desde Galicia (Olivia Rodríguez), Letras novas, Sentimentalismo. Antoloxía de referencia. Etapa de implantación (Mariña Pérez), Novas de poesía (Ana Gorría) o Punto de ebullición: Antología de la poesía contemporánea en gallego (Miriam Reyes). Entre 2011 y 2015 coorganizó en Santiago de Compostela el ciclo de lecturas poéticas Picaversos. Es periodista y ha impartido diversos talleres de animación a la escritura y a la lectura. Forma parte de la banda de jangle pop Atrás tigre.
reseña de maría salgado
martes, 18 de octubre de 2016
nuevos puntos de venta
en los últimos meses se han incorporado a nuestro proyecto de difusión y venta de los títulos de nuestra colección las siguientes librerías:
en Madrid, enclave de libros.
en Santiago de Compostela, chan da pólvora.
en Segovia- la Granja, librería ícaro.
en Madrid, enclave de libros.
en Santiago de Compostela, chan da pólvora.
en Segovia- la Granja, librería ícaro.
sábado, 13 de febrero de 2016
pilar martín gila en la revista nayagua
Reproducimos a continuación la reseña que, del poemario Papilas analógicas. Paisaxe sur text, hace la poeta Pilar Martín Gila en el número de febrero de la revista Nayagua.
Sociedad y soledad. Pilar Martín Gila
Papilas analógicas. Paisaxe sur textAna Cibeira, Davidia Martín Saornil y Elia MaquedaMadrid, Progresele, colección diminutos salvamentos, 2014
Papilas analógicas. Paisaxe sur text, obra colectiva de Ana Cibeira, Davidia Martín Saornil y Elia Maqueda, es uno de los rescates que nos trae la colección diminutos salvamentos (Progresele) dirigida por Eva Chinchilla, en la que recoge voces tan personales como la de la poeta Luz Pichel, junto a otras que asoman a la escritura, como la del Premio Nacional de Música Jesús Rueda. Y cada libro que entrega esta colección nos pone, se podría decir, literalmente ante las condiciones de lo nuevo, es decir, lo deja en el camino casi como si el camino comenzase ahí y por tanto, estuvieran en juego aún todas las posibilidades de lectura y, al tiempo, eso mismo fuera lo que convierte esta colección en un lugar que propicia los encuentros, todos los encuentros. Quizá se puede añadir que, en este sentido, el presente libro es casi paradigma por lo que tiene de lugar de cruce, de paso, en el que no descansa la lengua sino que enlaza y genera nuevos reconocimientos, ya desde el título, Papilas analógicas, si pensamos, tal vez, en las conexiones de la percepción, o también, ese movimiento de identidades que resulta cuando uno de los autores firma su parte del poemario con el heterónimo Davidia Martín Saornil, en homenaje a la poeta Lucía Sánchez Saornil quien, en su tiempo, firmaba sus obras con pseudónimo masculino; así, un homenaje que se puede ver como una forma de reconocimiento especular.
Ocurre, ante los trabajos colectivos, que la primera pregunta en saltar suele remitir al motivo de esa colectividad, y esto supone una pregunta por el sentido de la escritura y una llamada al lugar donde se da el autor, que a veces recuerda aquel interrogante, llegado con Rousseau, acerca de lo que es antes el hombre: sociedad o soledad. Sea como sea, la pregunta por la escritura no se formula exactamente igual cuando alguien habla solo que cuando lo hace acompañado. “Un escribir en lo colectivo que no viene dado porque sea hecho entre varias, sino por una posición de lengua, que ya es colectiva: tomarla de otrx, de otrx de un mismx, de una canción, un poema, una pancarta, wikipedia, etc.”, dice el hermoso Xlogo de este libro. Lo que en ningún caso podrá obviarse, ante un trabajo como éste, es la voluntad de mostrarse juntos, de que lo escrito se muestre conjuntamente, no tanto de haber preparado o ideado un trabajo colectivo sino el deseo de que lo escrito se junte. Así es que, de esta forma, sería algo que se da, que se ofrece al lector, y en él queda la responsabilidad de apropiarse, hacer verdadera esa conexión desde el momento en que se le entrega el objeto pero no su destino, no su significado o su “uso”. Una invitación a la propiedad pasajera de lo creado y, por tanto, a responder con su lectura. Y quizá se trate de una clase de apropiación emparentada también con esos lazos entre libertad y lenguaje que contiene la experiencia de una de las autoras, Elia Maqueda, con la traducción, otra forma de hacerse con una lengua, la del traductor en lo que no escribió pero tiene que volver a escribir, “todos los poemas ajenos son tuyos por un instante / cuando mutan de lengua entre tus manos / como flores que se abren, serpientes que cambian de piel / traducidos/traicionados/traídos / ahora&aquí”. Una apropiación que, también, observada desde esos poemas en que la autora experimenta con una forma de habla coloquial, familiar, puede leerse como reapropiación, vuelta sobre lo que quizá es un origen haciéndose de nuevo. “Asín estamos. Asina. / Una mijina hechos polvo. / Esperando a que te introduzcan una abuja en el pecho, / en el hueco del brazo, / en la doblez del tobillo. // Con las raíces muy negras / y el corazón arrecío del susto / y las mechas, niña, tengo que darme / las mechas antes del domingo.”
Ana Cibeira inicia su primera parte abriendo el administrador de tareas desde el teclado. “Ctrl+Alt+Supr…”. Y ahí comienza su disposición: “…mira cara adiante / mira cara adiante / mira cara adiante”. El gallego, lengua literaria de la autora, y el castellano aparecen entreverados en la escritura, dos lenguas intensificadas en la exploración del bilingüismo (del que Ana Cibeira ha hablado en diversas ocasiones), una tensión que ofrece el texto como lugar fronterizo donde encontrarse, o tal vez disputarse. Sea como sea, hay aquí una mirada sobre la lengua como eso que ya estaba antes de que empezáramos a hablarla pero también como algo que, como decía Wittgenstein, no tiene una significación dada independientemente de nosotros, sino que una palabra tiene el significado que alguien le da. Así que estos parecen los elementos de base en esta autora, tanto la forma en que construimos 210 la lengua al darle su signo como la plena consciencia de que sólo alguien que no tuviera lenguaje carecería del legado de los que le precedieron. Y, se puede añadir, todo ese peso de la palabra en Ana Cibeira pone su parte fuerte en lo sensible, la palabra real, concreta hasta el punto de percibirse como algo físico. “Baixar / de xeonllos mirar cómo as mazás de verdade / apodrecen nela / tamén de esguello saudar ás formiguiñas e ós saltamontes / e cunha man coller unha presa, / —como quen di— / e levala / á boca / marrón e seca / porenta / (ganas de tusir) COF COF / traga / traga / traga e convírtete no que falas.”
Razones para grita tomo ii y Pero… ¿es verdad que la esperanza a muerto? (título éste que viene de un epitafio) son las dos partes que firma Davidia Martín Saornil en su juego de identidades, que no se dirige precisamente a ocultar sino a indagar y reconocer, en el sentido amplio de la palabra, desde otra mirada, la propia, reconocerse en la lengua tomándola, tal como pensaron los cartesianos, como esa prueba fundamental de que el otro tiene una mente como la mía. “Entienda que la lengua es como usted”. Hay, por otra parte, en Davidia Martín Saornil, y también en las otras dos autoras, especialmente, lo hemos visto, en Ana Cibeira, un gran despliegue de significantes (tablas, órdenes del teclado, blancos en la página) que lleva a pensar en una propuesta de acción del propio lenguaje, que llevado al desgaste, al límite de su posibilidad metafórica, busca una forma de literalidad tal, que se acerca más al mero surgir del propio signo que a su significar, a su decir; la acción de la lengua como propuesta política que aligera el peso de los significados y se hace directamente mundo. “Esto: *”
Sociedad y soledad. Pilar Martín Gila
Papilas analógicas. Paisaxe sur textAna Cibeira, Davidia Martín Saornil y Elia MaquedaMadrid, Progresele, colección diminutos salvamentos, 2014
Papilas analógicas. Paisaxe sur text, obra colectiva de Ana Cibeira, Davidia Martín Saornil y Elia Maqueda, es uno de los rescates que nos trae la colección diminutos salvamentos (Progresele) dirigida por Eva Chinchilla, en la que recoge voces tan personales como la de la poeta Luz Pichel, junto a otras que asoman a la escritura, como la del Premio Nacional de Música Jesús Rueda. Y cada libro que entrega esta colección nos pone, se podría decir, literalmente ante las condiciones de lo nuevo, es decir, lo deja en el camino casi como si el camino comenzase ahí y por tanto, estuvieran en juego aún todas las posibilidades de lectura y, al tiempo, eso mismo fuera lo que convierte esta colección en un lugar que propicia los encuentros, todos los encuentros. Quizá se puede añadir que, en este sentido, el presente libro es casi paradigma por lo que tiene de lugar de cruce, de paso, en el que no descansa la lengua sino que enlaza y genera nuevos reconocimientos, ya desde el título, Papilas analógicas, si pensamos, tal vez, en las conexiones de la percepción, o también, ese movimiento de identidades que resulta cuando uno de los autores firma su parte del poemario con el heterónimo Davidia Martín Saornil, en homenaje a la poeta Lucía Sánchez Saornil quien, en su tiempo, firmaba sus obras con pseudónimo masculino; así, un homenaje que se puede ver como una forma de reconocimiento especular.
Ocurre, ante los trabajos colectivos, que la primera pregunta en saltar suele remitir al motivo de esa colectividad, y esto supone una pregunta por el sentido de la escritura y una llamada al lugar donde se da el autor, que a veces recuerda aquel interrogante, llegado con Rousseau, acerca de lo que es antes el hombre: sociedad o soledad. Sea como sea, la pregunta por la escritura no se formula exactamente igual cuando alguien habla solo que cuando lo hace acompañado. “Un escribir en lo colectivo que no viene dado porque sea hecho entre varias, sino por una posición de lengua, que ya es colectiva: tomarla de otrx, de otrx de un mismx, de una canción, un poema, una pancarta, wikipedia, etc.”, dice el hermoso Xlogo de este libro. Lo que en ningún caso podrá obviarse, ante un trabajo como éste, es la voluntad de mostrarse juntos, de que lo escrito se muestre conjuntamente, no tanto de haber preparado o ideado un trabajo colectivo sino el deseo de que lo escrito se junte. Así es que, de esta forma, sería algo que se da, que se ofrece al lector, y en él queda la responsabilidad de apropiarse, hacer verdadera esa conexión desde el momento en que se le entrega el objeto pero no su destino, no su significado o su “uso”. Una invitación a la propiedad pasajera de lo creado y, por tanto, a responder con su lectura. Y quizá se trate de una clase de apropiación emparentada también con esos lazos entre libertad y lenguaje que contiene la experiencia de una de las autoras, Elia Maqueda, con la traducción, otra forma de hacerse con una lengua, la del traductor en lo que no escribió pero tiene que volver a escribir, “todos los poemas ajenos son tuyos por un instante / cuando mutan de lengua entre tus manos / como flores que se abren, serpientes que cambian de piel / traducidos/traicionados/traídos / ahora&aquí”. Una apropiación que, también, observada desde esos poemas en que la autora experimenta con una forma de habla coloquial, familiar, puede leerse como reapropiación, vuelta sobre lo que quizá es un origen haciéndose de nuevo. “Asín estamos. Asina. / Una mijina hechos polvo. / Esperando a que te introduzcan una abuja en el pecho, / en el hueco del brazo, / en la doblez del tobillo. // Con las raíces muy negras / y el corazón arrecío del susto / y las mechas, niña, tengo que darme / las mechas antes del domingo.”
Ana Cibeira inicia su primera parte abriendo el administrador de tareas desde el teclado. “Ctrl+Alt+Supr…”. Y ahí comienza su disposición: “…mira cara adiante / mira cara adiante / mira cara adiante”. El gallego, lengua literaria de la autora, y el castellano aparecen entreverados en la escritura, dos lenguas intensificadas en la exploración del bilingüismo (del que Ana Cibeira ha hablado en diversas ocasiones), una tensión que ofrece el texto como lugar fronterizo donde encontrarse, o tal vez disputarse. Sea como sea, hay aquí una mirada sobre la lengua como eso que ya estaba antes de que empezáramos a hablarla pero también como algo que, como decía Wittgenstein, no tiene una significación dada independientemente de nosotros, sino que una palabra tiene el significado que alguien le da. Así que estos parecen los elementos de base en esta autora, tanto la forma en que construimos 210 la lengua al darle su signo como la plena consciencia de que sólo alguien que no tuviera lenguaje carecería del legado de los que le precedieron. Y, se puede añadir, todo ese peso de la palabra en Ana Cibeira pone su parte fuerte en lo sensible, la palabra real, concreta hasta el punto de percibirse como algo físico. “Baixar / de xeonllos mirar cómo as mazás de verdade / apodrecen nela / tamén de esguello saudar ás formiguiñas e ós saltamontes / e cunha man coller unha presa, / —como quen di— / e levala / á boca / marrón e seca / porenta / (ganas de tusir) COF COF / traga / traga / traga e convírtete no que falas.”
Razones para grita tomo ii y Pero… ¿es verdad que la esperanza a muerto? (título éste que viene de un epitafio) son las dos partes que firma Davidia Martín Saornil en su juego de identidades, que no se dirige precisamente a ocultar sino a indagar y reconocer, en el sentido amplio de la palabra, desde otra mirada, la propia, reconocerse en la lengua tomándola, tal como pensaron los cartesianos, como esa prueba fundamental de que el otro tiene una mente como la mía. “Entienda que la lengua es como usted”. Hay, por otra parte, en Davidia Martín Saornil, y también en las otras dos autoras, especialmente, lo hemos visto, en Ana Cibeira, un gran despliegue de significantes (tablas, órdenes del teclado, blancos en la página) que lleva a pensar en una propuesta de acción del propio lenguaje, que llevado al desgaste, al límite de su posibilidad metafórica, busca una forma de literalidad tal, que se acerca más al mero surgir del propio signo que a su significar, a su decir; la acción de la lengua como propuesta política que aligera el peso de los significados y se hace directamente mundo. “Esto: *”
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miércoles, 23 de diciembre de 2015
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